martes, 14 de febrero de 2012

EL ATLANTICO SUR EN LA MIRA IMPERIAL

ATLÁNTICO SUR: DEL COLONIALISMO DEL SIGLO XIX AL IMPERIALISMO DEL SIGLO XXI

Rina Bertaccini
Alai-AmLatina alai-amlatina@alai.info http://alainet.org


ALAI AMLATINA, 14/02/2012.- Una serie de acontecimientos desarrollados
en el último período en torno a Malvinas nos obliga a fijar la mirada en
el Atlántico Sur, esa inmensa superficie marítima que vincula tres
continentes: África, América y la Antártida. Una observación atenta nos
indica que la cuestión Malvinas tiene su origen casi dos siglos atrás,
pero se extiende al presente como parte del proyecto de la OTAN global.

EN LA MIRA DEL COLONIALISMO

Desde el siglo XIX, las Malvinas y los otros archipiélagos argentinos
del Atlántico Sur (Georgias del Sur y Sandwich del Sur) se encuentran en
la mira del colonialismo. Producida la Revolución de Mayo (1810) y con
ello la independencia respecto a la Corona Española, el gobierno patrio
toma posesión del archipiélago como parte del territorio heredado de
España (por sucesión de Estados en virtud del principio del Uti
Possidetis Jure). Instala en 1823 un gobernador y en 1829 una guarnición
militar encabezada por un comandante político y militar. Pero en los
años 30, Gran Bretaña, con el apoyo activo de Estados Unidos, y tras una
serie de actos agresivos, que culminan con el ataque a Puerto Soledad,
desaloja a la guarnición argentina y concreta militarmente la ocupación
de las Islas el 3 de enero de 1833. Esta puntualización es importante
para arrojar luz sobre el absurdo de la pretensión británica de
presentar el caso Malvinas como un tema de autodeterminación de los
isleños.

Comenzó entonces y continúa hasta el presente la usurpación británica de
una parte de nuestro territorio nacional. Aquella acción pirata de 1833
también pone a la vista la fuerte alianza entre el gobierno de EEUU y la
Corona británica, alianza que se consolidaría luego en el marco de la OTAN.

LA GUERRA FRÍA Y LOS PACTOS AGRESIVOS

Otra necesaria referencia histórica nos lleva a mediados del siglo XX.
Es pertinente recordar que, en 1947, Washington impuso a los países de
la región el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un
tratado que –según sus impulsores- protegería a nuestros países del
ataque de alguna potencia extracontinental; y en 1948 promovió la
fundación de la Organización de Estados Américanos (OEA), verdadero
ministerio de Colonias al servicio de la política expansionista y el
intervencionismo de los Estados Unidos en el continente.

A nivel mundial impulsó la firma de pactos militares en varias regiones
así como la creación en abril de 1949 de la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN), todos ellos instrumentos de naturaleza agresiva
que minaban la idea de la seguridad colectiva basada en el principio de
la coexistencia pacífica establecido en 1945 en la Carta de las Naciones
Unidas. En la actualidad la OTAN ha crecido hasta integrar a 28 países,
mucho más allá de los doce Estados del Atlántico Norte que le dieron
nacimiento, y en la Cumbre realizada en Portugal, en noviembre de 2010
ha proclamado abiertamente su condición de poder militar global.

EL ATLÁNTICO SUR Y LA EXPANSIÓN DE LA OTAN

En los años 80 del siglo XX todavía la OTAN no se había expandido. Al
asumir la presidencia de Estados Unidos el 20 de noviembre de 1981,
Ronald Reagan se planteó el objetivo de desplegar una política ofensiva
de “recuperación de los espacios políticos, geográficos y estratégicos”,
para lo cual iba a emprender un gigantesco programa de armamentismo y
reactivación de la economía. Reclamando más atención de Washington hacia
las Américas, Reagan insiste en que “los Estados Unidos deben asumir de
nuevo su papel de fuerza de cohesión indesafiable en la construcción de
una comunidad del Hemisferio Occidental”.

Con ese propósito la administración Reagan trabaja para la creación de
“un acuerdo regional para la seguridad del Atlántico Sur”, un acuerdo
que no llegó a concretarse -entre Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay-
y que se visualizaba como una Organización del Tratado del Atlántico Sur
(OTAS), complementado con la participación de África del Sur entonces
bajo el régimen del Apartheid.

Tales objetivos han sido explicitados tanto en el conocido Documento de
Santa Fe (1980) como en otro documento aprobado ese mismo año por el
Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, el denominado Free
Oceans Plan (Plan para el Océano Libre) donde, explicando la importancia
estratégica del Atlántico Sur, se afirma: “Aun cuando los Estados Unidos
puedan contar con un apoyo efectivo y duradero de la Unión Sudafricana y
de la República de Chile, y eventualmente de la Argentina (entonces bajo
la dictadura de 1976/83), que facilite la ejecución de sus planes para
el extremo sur de los tres océanos, es indispensable contar con el apoyo
de Gran Bretaña (…) que debe ser nuestra principal aliada en esa área,
no sólo porque es nuestra amiga más confiable en el orden internacional,
sino porque todavía ocupa diversas islas en el Atlántico Sur que, en
caso de necesidad, podrían convertirse en bases aeronavales, de acuerdo
con el modelo de Diego García , o en punto de apoyo logístico como la
isla Ascensión”.

Este es el trasfondo real de la posición yanqui en la Guerra de
Malvinas: desde una política de fuerza, estratégica y militar, el
gobierno norteamericano no tuvo dudas en alinearse con Gran Bretaña, su
principal aliado en la OTAN, contra la Argentina, a pesar de que, en
virtud del TIAR, debía haberla defendido frente a una “agresión
extracontinental”. Washington se atuvo estrictamente a estos criterios.
Y, al fin de la guerra de 1982, logra, entre sus objetivos militares, la
construcción de una gran base militar en Malvinas que permitirá a la
OTAN el control de las rutas oceánicas del Atlántico Sur y una
posibilidad concreta de proyectar su poder hacia el continente Antártico.

Aparte de las razones geopolíticas ya mencionadas, la ocupación de los
archipiélagos del Atlántico Sur tuvo y tiene para los imperialistas un
interés adicional asociado a la explotación de los cuantiosos recursos
naturales de la región. Al respecto, lo que realmente importa es la
extensa plataforma continental argentina, el mar que rodea a las islas,
la abundancia de peces, el krill, las riquezas del suelo submarino
-petróleo y nódulos metalíferos de manganeso, cobre, hierro-. Algunos de
esos recursos, particularmente el petróleo tienen una enorme y creciente
importancia estratégica, y además ya en el presente les reportan grandes
ganancias que obtienen de la venta ilegal de licencia de pesca y de
exploración de petróleo, con la consiguiente depredación de bienes que
pertenecen al pueblo argentino.

LA MILITARIZACIÓN DEL ATLÁNTICO SUR

Terminada la Guerra de Malvinas, y desde que Inglaterra retoma el
control total del archipiélago, el proyecto de instalar una base militar
aeronaval se concreta con los trabajos de ampliación de las pistas y las
instalaciones del aeropuerto de Mount Pleasant, en la Isla Soledad. Las
obras concluyen en 1985 y la base comienza a operar en 1986. Hoy, la
Fortaleza Malvinas que dispone también de una estación naval de aguas
profundas –llamada Mare Harbour-- donde atracan submarinos atómicos, se
ha constituido en uno de los cinco principales enclaves militares
extranjeros del Hemisferio Occidental, y funciona en conexión con la red
mundial de bases de control y espionaje que la OTAN tiene en el planeta.

La descripción y los alcances de esta Fortaleza merecen un artículo
especial. Digamos por ahora que los buques y aeronaves militares que van
y vienen desde Gran Bretaña, vía Isla Ascensión, son portadores de armas
nucleares. En la actualidad, con la reactivación en 2008 de la IV Flota
de guerra de los EEUU los peligros que se derivan de la instalación de
la Fortaleza Malvinas a 700 kilómetros de nuestra costa patagónica, se
han agravado considerablemente.

Las recientes medidas adoptadas por Gran Bretaña no hacen sino empeorar
la situación. Nos referimos a la decisión de establecer alrededor de las
Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur una zona de exclusión pesquera
con una extensión de un millón de kilómetros cuadrados, zona que será
patrullada por naves de la marina de guerra del Reino Unido; así como al
envío del buque de guerra "HMS Dauntless", armado con misiles antiaire
de alta tecnología, helipuertos y 60 marines, para reforzar la custodia
de nuestras Islas.

Con ello, además de transgredir la Resolución de la ONU que reclama
hacer del Atlántico Sur una Zona de Paz y Cooperación, agregan nuevas
amenazas y tensiones, con las que intentan bloquear el necesario proceso
de negociaciones políticas imprescindibles para avanzar en la solución
del diferendo de soberanía y encontrar el camino pacífico de la
descolonización de los archipiélagos del Sur.

A despecho de los planes del imperialismo, éste es el camino que ha
elegido Argentina y cuenta hoy con el apoyo fundamental de la Unasur, el
Mercosur, el ALBA, la CELAC y todos los pueblos de la región.

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- Rina Bertaccini es presidenta del Movimiento por la Paz, la Soberanía
y la Solidaridad entre los Pueblos (Mopassol), de Argentina y vice
presidenta del Consejo Mundial por la Paz.


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